Aniversario del Nacimiento del Ing. y Dr. Ángel Gallardo

Hoy, jueves 19 de noviembre se cumplen ciento cincuenta y tres años del nacimiento del destacado naturalista Ángel Gallardo, quien nació en esta ciudad en 1867. Desde chico se interesó por la vida de las hormigas ya que, según decía, “que los europeos no sabían nada de nuestras hormigas”, lo que lo invitó a estudiarlas, escribiendo, tiempo después su libro ”Las Hormigas de la República Argentina”, investigación que si bien quedó incompleta, dio el primer paso para el estudio formal de este insecto en nuestro país.

En el Colegio Nacional fue alumno de Amancio Alcorta, director del histórico centro de enseñanza.

Se diplomó de Ingeniero Civil en 1894 pero la ingeniería ocupó sólo un momento en la vida de Gallardo, aunque, años más tarde, el científico reconocería la utilidad de sus conocimientos matemáticos en la investigación sobre la bipolaridad de la división celular.
Viajó a Europa y en París, Gallardo asiste a los cursos de la Facultad de Ciencias Naturales y consulta sus teorías sobre la división celular con Guignard y Delage. Entre 1896 y 1899 Gallardo está nuevamente en Buenos Aires. Preside la Sociedad Científica Argentina y, demostrando ya su preocupación por afirmar los vínculos entre los países latinoamericanos, convoca al Primer Congreso Científico con representantes del continente. Respondió a la invitación de Germán Burmeister que pedía un naturalista, de preferencia entomólogo, para el cargo de Inspector del Museo Público de Buenos Aires. Fue docente en el Colegio Nacional de Buenos Aires, dando “allí a la Historia Natural carácter verdaderamente científico y dictó sus cursos de acuerdo con los últimos descubrimientos”. El principio de siglo lo encuentra nuevamente en París, donde frecuenta a Carlos Calvo y Angel Estrada, a los esposos Pierre y Marie Curie y conoce al célebre poeta José María de Heredia. Recorre la Exposición Universal, en la que Eiffel en persona hace los honores de la ascensión a la “Tour”.

Nuevamente en la Argentina, Gallardo recibe el reconocimiento como científico asignándoselo como Académico de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (1904), miembro honorario de la del Museo de La Plata (1907), de la sección de Ciencias Biológicas en la de Medicina y en la de Filosofía y Letras, (1909).

Un hecho importante para nuestra profesión veterinaria es cuando Gallardo se incorpora, en 1905, como jefe de la división Agricultura del ministerio cuya titularidad desempeñaba el salteño Dr. Damián Torino bajo la presidencia del Dr. Manuel Quintana. Allí encontró la experimentada guía del Ingeniero Ricardo Huergo y se dedicó con ahínco a la enseñanza agrícola.

Como Presidente del Consejo Nacional de Educación entre el 18 de diciembre de 1916 y el 28 de septiembre de 1921, cuyo radio de acción se extendía a la Capital, los territorios nacionales y las escuelas “Lainez”. En este período se duplicó la cantidad de escuelas en el país.
Asimismo fue Ministro de Relaciones Exteriores del Presidente Dr. Marcelo T. de Alvear durante los seis años de su Presidencia, integrando orgullosamente la administración de un país que mostraba su real imagen opulenta, integrando el concierto de la decena de naciones más poderosas del mundo, en el que fueron pródigos los visitantes ilustres y el intercambio comercial e intelectual sobre todo con Francia y la vieja Europa.
La misma fe en el continente americano demostrada por el joven Gallardo al convocar al 1er. Congreso Científico Latinoamericano se exteriorizó en su gestión ministerial. Asimismo, entre las numerosas acciones sobresalientes del ministro Gallardo, destacamos varias presentaciones al Reino Unido, una de ellas del 30 de noviembre de 1925, ratificando la afirmación de nuestros derechos en las Islas del Atlántico Sur ya que se trataba de territorio argentino.
Pero nuevas funciones aguardaban a Gallardo. En efecto, la Asamblea de decanos y consejeros de la Universidad de Buenos Aires lo eligió por unanimidad como rector. El 12 de mayo de 1932 tomó posesión del cargo, oportunidad en que expresó, entre otros conceptos: “Alejado varios años de toda actividad pública creía haber conquistado el derecho al descanso, dedicando los últimos días que me quedan de vida a la compilación y publicación de los resultados de los estudios de ciencias naturales, que fueron siempre mi vocación predilecta, cuando me llamáis a ocupar el rectorado de nuestra Universidad en momentos particularmente delicados”. Definiendo su misión como de “pacificación de los espíritus”.
Su sitial en la Academia de Letras fue ocupado por el futuro Premio Nobel, Bernardo Houssay, que integró el Consejo de la Universidad durante su rectorado y pudo decir:
“En tierras de España y latinoamericanas, se representa comúnmente al sabio como un sujeto raro, distraído, cuando no superfluo. Esa imagen caricatural y ficticia es símbolo de irreverencia por todo lo que sobresale y está reñido con la realidad. Gallardo certificó lo contrario. Era distinguido, atildado, culto y amable, exponía con amabilidad, claridad, precisión y sin énfasis, pero con el aplomo de quien sabe lo que dice”. Y continuó: como universitario es la personalidad más sobresaliente que haya conocido exaltando su calidad de hombre de ciencia y la armonía con que en él la fe y la ciencia se conjuraron. Houssay trazó, a partir de esa figura paradigmática, un programa para el desarrollo de la ciencia en el país.
El Museo Provincial de Ciencias Naturales de Santa Fe y la avenida adyacente del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia (del que fue director desde 1911 a 1916), como digno homenaje, llevan su nombre de Ángel Gallardo.

Falleció en Buenos Aires el 13 de mayo de 1934 a los 67 años.